Significado de Nuestro Logotipo


Nuestro logotipo es este:

La Paloma. Representa el Espíritu Santo, respuesta está en el Evangelio. En el de San Mateo, dentro de la narración del bautismo de Jesús, se lee la siguiente frase: Jesús salió del agua; y entonces se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre Él (3, 16).

Con muy parecidas palabras se narra lo mismo en los evangelios de San Marcos (1, 10) y San Lucas (3, 21-22). El de San Juan lo pone en boca de Juan Bautista, como signo de reconocimiento de quién era Jesús: He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre Él (1. 32).

Cuando se quiere representar en imágenes a la Santísima Trinidad, no es igual de fácil la representación de cada una. Lo más sencillo, evidentemente, es representar al Hijo, la segunda persona, puesto que se encarnó. Y le corresponde propiamente la forma humana, pues además de ser Dios es verdadero hombre.

En segundo lugar figura la persona del Padre. No se ha encarnado, pero se recurre a la figura de un padre humano de Jesús, con bastante lógica. Pero ¿y el Espíritu Santo? Un espíritu es irrepresentable como tal por definición. Quedaba como única solución razonable rastrear las Escrituras, sobre todo el Nuevo Testamento, en busca de figuras con las cuales se ha hecho presente visiblemente su persona o su acción.


Nuestro Apostolado cree firmemente que:
  • El Bautismo en el Espíritu Santo, es una experiencia transformadora del amor de Dios derramado en el corazón de los hombres que se entregan al señorío de Jesucristo. 
  • Nuestra docilidad a la acción del Espíritu Santo nos lleva a dar una respuesta al llamado de Jesús a quien hemos reconocido, aceptado y procla­mado Señor, creemos en Él por la ac­ción del Espíritu, haciéndonos discí­pulos suyos, cambiando nuestra forma de pensar y de vivir, aceptando la cruz de Cristo, conscientes de que morir al pecado es alcanzar la vida, la santidad.


El anillo. Significa el amor infinito de Dios, no tiene principio y no tiene fin.  Dios es el principio y el fin de todo ser humano: viene de Dios y va hacia Él. Dios nos creó y estamos de regreso hacia Él. Él, al mandarnos a este mundo, nos dio un boleto de ida y vuelta. Todo el sentido de nuestra vida está contenido en esta verdad: estamos regresando a la casa paterna. No todo el mundo tiene la suerte de conocer esta verdad.


La Cruz.  La cruz se transformó en el símbolo del misterio cristiano redentor, pues en la cruz quiso libremente morir Jesús. Los cristianos la convertirán precisamente en referencia religiosa, haciendo de lo insensato, cátedra de sabiduría divina, el escándalo hace acto de presencia: “La muerte que salva”, “la resurrección que redime”. Después de este acontecimiento histórico podemos entender que la Cruz de Cristo se ha convertido en el emblema universalmente conocido del cristianismo, y que a nuestros días no deja de causar asombro y hasta cierta incredulidad: “Contemplarán al que traspasaron” (Jn. 19,37).

La Cruz y la Resurrección conforman el corazón del “Kerigma” apostólico, es decir, la proclamación original de la salvación realizada por Cristo: “Dios ha hecho Señor y Cristo a ese Jesús al que habéis crucificado” (Hch. 2, 36; cf. 2, 23; 4, 10), o que “fue colgado del madero” (Hc 10, 39; 13, 29). Es importante que tengamos presente que la cruz no solo es historia de la humanidad, sino que es un hecho que trasciende a la humanidad misma, puesto que en ella encontramos la máxima expresión de amor con la que Dios reconcilia a toda la humanidad con Él mismo, le invita a acceder su intimidad misma y vivir los frutos de la divinidad.

Al respecto, Jesús, dentro de su predicación, nos habla de ciertos requisitos para acceder a la intimidad de Dios (salvación), algunos de estos son:


1- El prójimo;
2- La conversión interior, manifestada al exterior por medio de acciones concretas;
3- Desprendimientos de ataduras materiales y sentimentales;
4- Cargar con la cruz.




Pages